El paracetamol es uno de los fármacos más consumidos y prescritos debido a la eficacia y seguridad que tiene (tomando la dosis recomendada). De hecho, su uso apenas tiene reacciones adversas y, siempre que sea a corto plazo, está permitido durante la lactancia y el embarazo.

Podemos encontrar este principio activo en múltiples formatos (en comprimidos, comprimidos efervescentes o bucodispersables, cápsulas y sobres, así como en supositorios y solución oral, siendo estas últimas las formas farmacéuticas de elección en niños), lo que favorece que se pueda elegir la opción que mejor se adapte a las necesidades terapéuticas del paciente.

Alicia de Toro, farmacéutica en el Centro de Información del Medicamento del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza, explica que es importante que la administración de los fármacos resulte lo más cómoda y fácil posible para así conseguir un mayor éxito en el cumplimiento del tratamiento.

«Se utiliza, tanto para aliviar el dolor debido a su actividad analgésica, como para reducir la fiebre, gracias a su actividad antipirética», indica la experta.

Sin embargo, tal y como señala Juan Gabriel García Ballesteros, Coordinador Nacional del Grupo de Trabajo de Gestión del Medicamento, Inercia Clínica y Seguridad del Paciente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), no tiene capacidad antiinflamatoria.

¿Cuándo está recomendado su uso?

Dada su acción antipirética y analgésica, el paracetamol está indicado en el tratamiento de las enfermedades que cursen con fiebre o dolor de leve a moderada intensidad en adultos y niños. En estos últimos, se considera el antipirético y analgésico de elección.

«Será por tanto útil para tratar dolores de cabeza, dentales, menstruales, lesiones que no cursen con inflamación o el tratamiento de los síntomas ocasionados por la gripe», señala De Toro.

¿Qué dosis es la adecuada y cómo hay que tomarlo?

Al igual que el paracetamol tiene múltiples presentaciones, también está comercializado en diferentes dosis y podemos encontrar en la farmacia paracetamol de 325 mg, 500 mg, 650 mg y 1 g.

Teniendo en cuenta que se debe administrar a cada paciente la dosis mínima que resulte eficaz para conseguir el efecto deseado, De Toro explica que la posología habitual en adultos, vía oral, varía entre los 500-1000 mg cada 6-8 horas, en función de la intensidad de los síntomas. En niños se utiliza paracetamol en supositorios y en solución oral, cuya dosis será calculada en función de su peso o edad.

«Para conseguir un alivio rápido del dolor es mejor tomarlo sin alimentos, ya que estos interfieren en el tiempo de absorción del paracetamol, con un vaso de líquido, preferiblemente agua», añade y apunta que en caso de que el dolor no remita en 5 días, la fiebre persista durante más de 3 días o haya un empeoramiento en los síntomas, hay que acudir al médico.

¿Qué riesgos puede tener su consumo?

García Ballesteros hace hincapié en que es uno de los fármacos más seguros. Teniendo en cuenta esto, hay situaciones en las que conviene tener cuidado.

Para empezar, su uso prolongado en dosis altas produce nefropatía intersticial. «La dosis en adultos no debe exceder de 4 g al día y en niños, siempre es conveniente ajustar la dosis al peso (10-15 mg/kg/dosis y 40-60 mg/kg/día). En general siempre se recomienda utilizar a la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible»

Además, García Ballesteros añade que se debe administrar con precaución, «evitando tratamientos prolongados en pacientes con anemia, afecciones cardiacas o pulmonares, o con disfunción renal grave (en este último caso, el uso ocasional es aceptable, pero la administración prolongada de dosis elevadas puede aumentar el riesgo de aparición de efectos renales adversos)».

Por otro lado, el portavoz de Semergen recuerda que la utilización de paracetamol en pacientes que consumen habitualmente alcohol (tres o más bebidas alcohólicas al día) puede provocar daño hepático. «En alcohólicos crónicos, no se debe administrar más de 2 g/día de paracetamol», añade.

Finalmente, el experto recomienda precaución en pacientes asmáticos sensibles al ácido acetilsalicílico. La razón es que se han descrito ligeras reacciones broncoespásticas con paracetamol (reacción cruzada) en estos pacientes, aunque solo se manifestaron en menos del 5 por ciento de los ensayados».

Del Toro añade a estas recomendaciones evitar el uso simultáneo de distintos medicamentos que contengan paracetamol en su composición, ya que pueden dar lugar a cuadros de intoxicación.

¿En qué se diferencia del ibuprofeno?

La principal diferencia del paracetamol con el ibuprofeno es que este último pertenece al grupo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), y por tanto tiene capacidad antiinflamatoria (mientras que el paracetamol no). Sí comparten tanto la capacidad antipirética como analgésica. Es decir, el ibuprofeno además de ayudar a aliviar el dolor y disminuir la fiebre, también reduce la inflamación.

«Otro aspecto en el que se diferencian ambos fármacos tiene que ver con los efectos secundarios que pueden presentarse tras su administración; el ibuprofeno produce trastornos gastrointestinales, los cuales se agravan con el uso prolongado y de altas dosis siendo en el paracetamol nulos. También presenta efectos adversos cardiovasculares y dermatológicos, así como puede afectar al hígado y al riñón», añade De Toro.

A esto García Ballesteros apostilla que el paracetamol, a diferencia del ibuprofeno, no se considera un fármaco gastrolesivo. «Se absorbe de forma rápida y casi completa por el intestino delgado y más lentamente por vía rectal. Tampoco afecta a la coagulación ni a la agregación plaquetaria».

¿Por qué a veces se combina con otros fármacos?

El paracetamol suele ser un fármaco bien tolerado y con escasas interacciones, lo que permite su combinación con otro tipo de principios activos en una misma forma farmacéutica. La ventaja de esto es que administrándose en una única toma se puede conseguir el efecto deseado.

«Con la asociación del paracetamol a otros principios activos analgésicos como la codeína o tramadol, se puede potenciar su efecto analgésico y así poder combatir dolores de mayor intensidad, aunque en estos casos será siempre el médico quien valore la necesidad de dicha asociación», especifica De Toro.

Otra de las ventajas que presenta la asociación de fármacos es que se puede combatir más de un síntoma al mismo tiempo.

«Es habitual encontrar en el mercado una gran variedad de antigripales, los cuales combinan el paracetamol con un antihistamínico y un descongestivo, consiguiendo reducir la sintomatología propia de resfriados y gripe, como estornudos, congestión nasal, malestar general, dolor y fiebre», concluye.

*Vídeo realizado por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos.

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